María, tú que esperaste la llegada el ángel unida fuertemente a Dios en la oración.

Enséñanos a buscar la voluntad de Dios leyendo junto a Él los acontecimientos de cada día.

María, tú que te turbaste al oír el saludo del ángel, pero mantuviste la calma para preguntar y decidir.

Enséñanos a calmamos en los momentos de tormenta vocacional, danos confianza en Dios para superar todas las dificultades.

María, tú que escuchaste al ángel con el corazón abierto, dispuesta a todo con tal de hacer la voluntad de Dios.

Enséñanos a escuchar a Dios en la oración y en la vida con el corazón abierto de par en par a su voluntad.

María, tú que no necesitaste todas las seguridades para responder un Sí valiente a Dios.

Enséñanos a lanzamos al vacío de los brazos de Dios confiando que su voluntad es lo mejor para nosotros.

María, tú que te declaraste esclava de Dios para mostrar tu total disponibilidad a Él.

Enséñanos que somos instrumentos de Dios, que hemos de esforzamos en ser cada día más perfectos para cumplir la misión que Él nos tiene encomendada.

María, tú que aceptaste todos los peligros que tu Sí pudiera acarrearte, confiando ciegamente en Dios.

Enséñanos a aceptar el riesgo de nuestro sí, danos fuerzas para vencer el miedo al qué dirán, danos confianza para aceptar ser distintos sin vacilar.

María, tú que mantuviste tu Sí por siempre en medio de la espera, la duda y el dolor.

Enséñanos a decir sí cada día de nuestra vida, sin que nada ni nadie nos aparte del amor de Dios.

María, tú que guardaste todo lo que sucedía en tu corazón y lo meditaste frente a Dios para comprenderle mejor.

Enséñanos a leer la Palabra de Dios en nuestra historia y a saber entender los renglones, rectos o torcidos de Dios.