¡Oh Virgen de Nazaret!, el Sí que pronunciaste en tu juventud marcó tu existencia, y llegó a ser grande como tu misma vida.

¡Oh Madre de Jesús!, en tu Sí, libre y gozoso y en tu fe activa, muchas generaciones y muchos educadores han encontrado inspiración y fuerza, para acoger la palabra de Dios y para cumplir su voluntad.

¡Oh Maestra de vida!, enseña a los jóvenes a pronunciar el Sí que da significado a la existencia, y hace descubrir el nombre escondido por Dios en el corazón de cada persona.

¡Oh Reina de los Apóstoles!, danos educadores prudentes que sepan amar a los jóvenes y ayudarles a crecer; guiándoles al encuentro con la Verdad que los hace libres y felices. Amén.