Ven, Espíritu Santo del Padre y del Hijo.

Ven, Espíritu de Amor, Espíritu de filiación.

Espíritu de paz, de confianza, de fuerza

y de santa alegría.

Ven, alegría oculta en las lágrimas del mundo.

Ven, vida victoriosa de la muerte en la Tierra.

Ven, Padre de los pobres.

Ven, socorro de los oprimidos.

Ven, luz de la eterna verdad.

Ven, amor que has sido derramado en nuestros corazones.

No tenemos nada que pueda obligarte,

pero por eso estamos más llenos de confianza.

Nuestro corazón teme ocultamente que vengas,

porque eres desinteresado y delicado;

porque eres distinto que él.

Pero la más firme promesa es que Tú vienes.

Así pues, ven todos los días. Confiamos en Ti,

¿en quién podríamos confiar si no?

Te amamos porque eres el mismo Amor.

Por Ti tenemos a Dios como Padre,

porque Tú clamas en nosotros: “Abbá, Padre”.

Nos vivificas.

Te agradecemos que habites en nosotros,

que hayas querido ser el sello de Dios vivo en nosotros, el sello de su propiedad.

Quédate con nosotros. No nos dejes en la lucha amarga de la vida. No nos abandones al fin, cuando todo nos abandona.